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Trastornos
de Ansiedad > Trastorno de Ansiedad
Generalizada
¿Siente
ansiedad y preocupación en exceso?
¿Le
cuesta controlar este estado de constante preocupación?
¿Se
siente impaciente, inquieto, irritable, con dificultad para
concentrarse?
¿Se
fatiga fácilmente, se siente tenso?
¿Tiene
frecuentes contracturas o dolores musculares?
¿Le
resulta difícil conciliar o mantener el sueño?,
¿Se siente cansado al despertar?
Si respondió afirmativamente a algunas de estas preguntas,
puede resultarle útil tomar conocimiento de este
trastorno, que es muy poco conocido a pesar de su elevada
incidencia. Se sabe que 60 de cada 1000 personas padecen
esta enfermedad. Es más frecuente en mujeres, y
suele iniciarse, o hacerse más evidente, en los
comienzos de la vida adulta.
El Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) se caracteriza
por un estado de Preocupación Excesiva de por
lo menos seis meses de evolución, acompañado
de tres o más de los siguientes síntomas:
- dificultades en el sueño
- tensión o contracturas musculares
- irritabilidad
- inquietud o impaciencia
- dificultad para concentrarse
- cansancio fácil y frecuente.
Llamamos Preocupación Excesiva a un estado de preocupación
intenso, persistente y difícil de controlar, que perturba
el normal desenvolvimiento de quienes lo sufren y, como se
comprenderá, el de aquellos que los rodean.
Los contenidos de tal preocupación son aquellos comunes
de la vida cotidiana: la salud o seguridad propia o de miembros
de la familia, el futuro, la economía, el rendimiento
laboral, lograr cumplir a tiempo con diversas obligaciones,
llegar en horario a las citas. Incluso, muchas veces, responde
a cuestiones de menor importancia, como un desperfecto en
la casa o en el auto.
Esta preocupación lleva a quienes la padecen a vivir
en un permanente estado de tensión y de alerta
(que se refleja en cansancio fácil, irritabilidad,
impaciencia, inquietud, contracturas musculares, sueño
poco reparador y dificultad para concentrarse), siempre anticipando
la posibilidad de que ocurran hechos negativos en el futuro
próximo. Por ejemplo:
- si deben salir con el auto una noche de lluvia, creen
que es altamente probable que ocurra un accidente.
- si algún integrante de la familia demora en llegar,
suponen que algo serio le habrá pasado, ¡aunque
sólo lleve unos minutos de retraso!
- si se han levantado con dolor de cabeza, ¿quién
les garantiza que no sea la primera señal de un
tumor en el cerebro, o de una meningitis?
Estos ejemplos ilustran de manera clara dos tipos de distorsiones
en el modo de pensar y percibir o evaluar la realidad: la
sobre-estimación de la probabilidad de que ocurran
eventos negativos y el pensamiento catastrófico.
La primera de ellas se refiere a la tendencia a creer en una
exageradamente alta probabilidad de que ocurran, en cualquier
momento, hechos negativos, tales como enfermedades, accidentes,
o problemas serios de cualquier tipo. El pensamiento catastrófico,
por otra parte, describe la convicción de que los sucesos
negativos futuros serán muy serios o graves, y que
no se podrá hacer frente a ellos.
Es decir, la persona con un Trastorno de Ansiedad Generalizada,
cree que vive en un mundo amenazante, difícil de controlar,
y se considera a sí misma como sin recursos suficientes
para afrontar los problemas.
Suelen ser exageradamente responsables e hipercríticos.
Es común que se ocupen de más cosas de las que
les corresponden, al considerar que los demás no lo
hacen como deberían (es decir, "como ellos lo
harían").
Los pacientes con TAG, debido a sintomatología física
difusa (molestias que van y vienen sin conformar una enfermedad),
al mal dormir, a las contracturas, o al frecuente agotamiento,
visitan con asiduidad los consultorios médicos de diversos
especialistas, en busca de un alivio que no llegará
hasta que el diagnóstico acertado oriente el camino
terapéutico a seguir.
Tratamiento
Si usted padece de TAG debe saber que la mejoría es
posible, siempre y cuando se aborde y resuelva el síntoma
central de este trastorno, la preocupación excesiva.
Existen diversas técnicas cognitivo-conductuales de
probada utilidad para revisar y corregir el modo catastrófico
en que la realidad es percibida y procesada.
También, disponemos hoy en día, de psicofármacos
específicos, orientados a atenuar los síntomas
físicos, a favorecer un mejor descanso, a disminuir
la elevada ansiedad cotidiana y a restablecer el estado anímico,
con frecuencia deteriorado. (ver Tratamientos)
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