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Trastornos
de Ansiedad en la Infancia >
Preguntas Frecuentes
Aquí Ud. puede encontrar las respuestas
a las preguntas más frecuentes de las personas que
nos consultan. Si no encuentra respuesta a su consulta, por
favor, envíenos un email
¿Los
niños sufren ansiedad?
¿Es
negativo para su desarrollo que presenten ansiedad?
¿Cómo
distingo si la ansiedad de mi hijo es normal o patológica?
¿Influye
la familia en la ansiedad infantil? ¿Cómo?
¿Y
lo biológico qué rol juega?
¿Qué
es más importante, lo biológico o lo ambiental
como causa desencadenante?
¿Cuándo
un miedo es una fobia?
¿Qué
tipos de fobias tienen los niños?
¿Los
niños se preocupan? ¿De qué cosas? ¿Es
saludable que se preocupen?
¿Qué
son las obsesiones, compulsiones y rituales?
Mi
hijo remarca varias veces las palabras, si toca dinero piensa
que pudo haberse contaminado y se lava compulsivamente las
manos varias veces al día. ¿Esto es ansiedad?
¿Por
qué no puedo ir de compras tranquila? ¿Qué
pasa con mi hijo que no puede separarse de mí?
¿Que
pasa con los niños que han experimentado una situación
traumática? ¿Pueden tener un Trastorno de Ansiedad?
¿Por
qué mi hijo no quiere ir a los cumpleaños ni
a la casa de ningún amigo?
Estábamos
en el shopping y de repente, Nico se empezó a sentir
mal, sentía palpitaciones, sudoración y náuseas;
desde ese día no quiere ir más a pasear.
¿Cómo
saber si ciertas conductas son obsesivas o normales?
¿Cuál
es la diferencia entre un ritual evolutivo normal y una compulsión
obsesiva?
Los
niños que han experimentado una situación traumática,
¿pueden tener un trastorno de ansiedad?
¿Los
niños sufren ansiedad?
Desde su nacimiento el hombre presenta respuestas de ansiedad,
las cuales constituyen un medio de defensa innato, dentro
del el repertorio de conductas normales. Ante un peligro,
real o imaginado, nuestro organismo tiene un sistema de alarma
que organiza conductas defensivas.
¿Es
negativo para su desarrollo que presenten ansiedad?
En el niño la necesidad de descubrir el mundo es ilimitada,
sólo la emoción del miedo puede funcionar como
señal de alarma y como barrera contenedora frente a
los peligros. Por lo que vemos, desde esta perspectiva, la
ansiedad en los niños resulta saludable.
¿Cómo
distingo si la ansiedad de mi hijo es normal o patológica?
Los tres tipos de temores más firmemente establecidos
en la especie humana son: a) miedo a los animales, b) miedo
al daño físico, y c) miedo a la separación.
El recién nacido teme que lo alejen de su madre, perder
el contacto físico con ella. A los ocho meses de vida
el temor pasa a los extraños. Durante la primera infancia,
los temores son despertados por los ruidos intensos, los monstruos,
las tormentas, la oscuridad y la separación de los
padres. De los seis a los doce años, los miedos más
comunes son a daños físicos y al fracaso escolar;
y en la adolescencia, al desempeño en las situaciones
sociales, temen hacer el ridículo, o que su desempeño
sea evaluado por los demás en forma negativa.
El desarrollo cognitivo (cognitivo: referido al pensamiento)
acompaña a la evolución de los miedos normales,
y esto acredita que son parte de una línea evolutiva.
Cuando los miedos evolucionan alejados de la complejización
del crecimiento cognitivo, estamos frente a los miedos patológicos
que desencadenan trastornos de ansiedad.
El nivel de desarrollo cognitivo, la intensidad de las respuestas
de ansiedad, la frecuencia con que se presentan y el contexto
que la despierta, son variables fundamentales en la distinción
de la ansiedad sana o patológica.
Como vemos, existen miedos evolutivos normales y esenciales
para un buen desarrollo psicológico del niño.
La predisposición genética y el contexto ambiental
de cada uno en particular determinarán que estos miedos
evolutivos normales constituyan un estadio en el desarrollo
psicológico o se transformen en trastornos de ansiedad
infantiles.
¿Influye
la familia en la ansiedad infantil? ¿Cómo?
De acuerdo a cómo sean vivenciadas por sí mismo
y por los adultos significativos, las respuestas de ansiedad
del niño podrán constituirse en normales o patológicas.
Si un niño de un año de edad se asusta del ruido
de un globo al explotar, es normal para su nivel evolutivo
que sus cogniciones (ideas, pensamientos, imágenes)
lo interpreten como potencialmente peligroso. Su sistema de
alarma desencadenará conductas de lucha o huida. En
el caso que estamos imaginando, lo más probable es
que el niño llore y escape del estímulo. Hasta
ese momento, por su edad cronológica y su desarrollo
cognitivo, su respuesta ansiosa es normal. Dependerá
del ambiente que esta ansiedad normal se extinga o evolucione
hacia la ansiedad patológica. Si la mamá, recordando
su reacción, lo aparta de los globos, estará
contribuyendo a que este miedo no evolucione favorablemente,
al impedir que el niño experimente situaciones vitales
indispensables para eliminar esa ansiedad. Si por el contrario,
le permite expresar la ansiedad en sus primeras experiencias
con globos, y considera natural que tenga miedo, permitirá
crear un contexto propicio para la desaparición del
temor original.
En el caso de los niños, es imprescindible considerar
la interpretación que los padres y los adultos significativos
hagan de la ansiedad, ya que influirá como modelo de
imitación para la planificación de la conducta
futura del niño.l
Una mamá o un papá con miedos y preocupaciones
sobre situaciones cotidianas, presentarán a su hijo,
a través del vínculo, su particular interpretación
del mundo como un lugar peligroso, frente al que es conveniente
desarrollar conductas temerosas.
¿Y
lo biológico que rol juega?
Las últimas investigaciones concuerdan en que los
hijos de padres con Trastornos de Ansiedad tienen mayor riesgo
de padecer un trastorno similar. Beidel y Turner encontraron
que los trastornos de ansiedad eran 54 veces más frecuentes
en hijos de padres ansiosos que en los hijos de padres sin
trastornos psiquiátricos. También se observaron
elevadas tasas de Trastornos de Ansiedad en los padres de
niños con ansiedad.
Un grupo de investigaciones sugiere que algunos niños
con síntomas de inhibición de la conducta presentan
un riesgo aumentado de desarrollar un trastorno de ansiedad.
Sin embargo, todavía resta aclarar por qué no
todos los niños con trastornos de ansiedad presentan
inhibición de la conducta; ni todos los niños
inhibidos desarrollan un trastorno de ansiedad.
¿Qué
es más importante como causa desencadenante, lo biológico
o lo ambiental?
Si bien ambas causas son importantes, el factor ambiental
parece influir en mayor medida como desencadenante de un Trastorno
de Ansiedad.
Numerosos estudios sostienen que si bien la psicopatología
de los padres coloca al niño ante un riesgo genético,
es evidente que también lo coloca ante múltiples
condiciones de riesgo ambiental, tales como discordia familiar,
indisponibilidad emocional, inestabilidad de la vida familiar,
baja calidad parental, alta exposición al estrés,
etc. (Downey y Walker, 1992; Gotlib y Avison, 1993; Masten
y Coatsworth, 1995; Rende y Plomin, 1993).
La compleja interacción entre factores biológicos
y ambientales determinará que el niño, ante
la ansiedad evolutiva normal, desarrolle recursos mentales
y emocionales para afrontarla saludablemente o, por el contrario,
para desencadenar trastornos de ansiedad infantiles.
¿Cuándo
un miedo es una fobia?
Existen miedos normales a los que se denomina evolutivos,
ya que forman parte del desarrollo psicológico sano
del niño, en tanto que otros miedos son patológicos
ya que desencadenan respuestas de ansiedad inadecuada y conductas
de evitación de determinadas situaciones u objetos,
constituyéndose en fobias.
Miedos evolutivos normales:
| Edades |
Miedos |
| 0 a 1 año |
Llanto ante estímulos
desconocidos. |
| 2 a 4 años |
Temor a los animales. |
| 4 a 6 años |
Temor a la oscuridad, a las
catástrofes y a los seres imaginarios (monstruos
y fantasmas). |
| 6 a 9 años |
Temor al daño físico
o al ridículo, por la supuesta ausencia de habilidades
escolares y deportivas. |
| 9 a 12 años |
Miedo a los incendios, accidentes,
a contraer enfermedades graves. Aparece el temor a conflictos
graves entre los padres o al mal rendimiento escolar. |
| 12 a 18 años |
Temores relacionados con la
autoestima personal (capacidad intelectual, aspecto físico,
temor al fracaso) y con las relaciones sociales. |
Los miedos normales que presenta el niño durante el
crecimiento son expresión de su proceso de maduración
emocional, social e intelectual, y van quedando atrás
al superarse cada etapa. Cuando, por el contrario, estos temores
evolucionan de modo diferente, ya sea por una excesiva persistencia
en el tiempo, por su intensidad, o por las situaciones a las
que se asocian, es posible que resulten patológicos
y que pasen a formar parte o a desencadenar un Trastorno de
Ansiedad.
Como vemos, existen miedos evolutivos normales y esenciales
para el desarrollo psicológico sano infantil. Los aportes
genéticos y el contexto ambiental determinarán
que estos miedos evolutivos normales constituyan un estadio
en el desarrollo psicológico o se transformen en trastornos
de ansiedad infantiles.
¿Qué
tipos de fobias tienen los niños?
Los niños pueden padecer diferentes tipos de fobias.
Las Fobias a los Animales se desarrollan, casi siempre, en
la primera infancia, la Fobia Escolar, el Trastorno de Pánico,
y la Ansiedad de Separación aparecen en la infancia
tardía; la Ansiedad Social y el Trastorno de Ansiedad
Generalizada, en la pubertad y en la adolescencia. (2)
¿Los
niños se preocupan? ¿De qué cosas? ¿Es
saludable que se preocupen?
La preocupación es la anticipación preventiva
de eventos futuros más o menos probables.
El niño alrededor de los 8 años de edad adquiere
la capacidad para poder pensar sobre el pensamiento; a partir
de esta función puede comenzar a preocuparse excesivamente.
Es importante para el desarrollo psicológico del niño
que pueda adquirir capacidad para anticipar eventos futuros,
y saludable que, de acuerdo a su edad, los pueda prever, para
poder planificar su comportamiento.
Por lo general, los nenes se preocupan por temas que giran
en torno a sus vivencias:
-"¿Y si me va mal en el
examen?"
-"Mamá y papá se pueden separar",
-"Juan se burló de mí"
-"Voy a parecer un tonto"
-"¿Y si me enfermo y me muero?"
La manera de elaborar las vivencias es a través del
pensamiento, por lo que es saludable que el niño exprese
sus pensamientos preocupantes, que generalmente giran en torno
a hechos para los que no puede encontrar soluciones. Cuando
estos pensamientos se traducen en estados emocionales negativos,
en variaciones anímicas y en comportamientos problemáticos
o en sintomatología psicosomática, nos encontramos
frente a un estado de preocupación excesiva que requiere
de la intervención profesional (ver Trastorno
de Ansiedad Generalizada)
¿Qué
son las obsesiones, compulsiones y rituales?
Las obsesiones son "ideas que no se van de la
cabeza", pensamientos repetitivos, invasivos, desagradables,
muchas veces absurdos (incluso para el paciente) y que se
imponen al pensamiento contra la voluntad de quien los padece.
En un alto porcentaje conducen a compulsiones, que
son actos repetitivos por medio de los cuales se intenta neutralizar
la ansiedad despertada por las ideas obsesivas. A veces las
compulsiones son más complejas y elaboradas: caminar
sin tocar los bordes de las baldosas, acomodar los objetos
en forma simétrica, etc. Estas acciones se denominan
rituales. Los rituales pueden consumir mucho tiempo
hasta que el individuo pueda sentirse más tranquilo
y continuar con su actividad normal.
Mi
hijo remarca varias veces las palabras, si toca dinero piensa
que pudo haberse contaminado y se lava las manos en forma
repetida durante el día. ¿Cómo saber
si estas conductas son obsesivas o normales?
Las descriptas podrían corresponder a compulsiones,
que aparecen en respuesta a ideas obsesivas.
Los rituales y las perseveraciones son un rasgo que
corresponde al desarrollo normal entre los 7 y 8 años.
Estas conductas tienen un carácter de juego, si bien
suelen aparecer en respuesta a un estado de ansiedad o preocupación.
No interfieren en la vida cotidiana del niño, su interrupción
no le altera el ánimo y no son percibidas como anormales
por padres y maestros. Así, los nenes cantan varias
veces la misma canción para poder dormirse o disponen
su cama y sus muñecos de una manera especial, minuciosa
e indispensable antes de entregarse al sueño.
Los rituales normales más frecuentes entre los niños
de 3 a 6 años se relacionan con las comidas, el baño
y la conducta previa al dormir. En el momento de ir a acostarse
son típicos los rituales previos, tales como recibir
besos repetidamente, tomar vasos de agua, escuchar un cuento
o una canción. También se presentan rituales
más lúdicos, como contar los escalones, saltar
baldosas, saltar en una sola pierna, escribir de una determinada
manera, no usar determinado color etc. En este rango de edad
también se perciben algunas conductas mágicas
y supersticiosas como cruzar los dedos o caminar empezando
con determinado pie, prender varias veces la luz etc; estas
últimas pueden presentarse en respuesta a pensamientos
molestos, como un intento de neutralizarlos.
Entre los 7 y los 11 años comienzan conductas como
el coleccionismo, o supersticiosas, relacionadas con la buena
suerte, las cuales cobran especial realce a la hora de una
situación estresante, por ejemplo, ante un examen.
Este tipo de comportamiento decrece al acercarse la adolescencia,
cuando el niño comienza a disponer de recursos mentales
y emocionales más realistas para controlar sus situaciones
estresantes.
Por el contrario, los rituales obsesivo-compulsivos propiamente
dichos y las compulsiones perduran o incluso se acrecientan
al llegar a la adolescencia. Son conductas que siempre tienen
como objetivo reducir una sensación de ansiedad y suelen
demandar cierta cantidad de tiempo cada día, interfiriendo
en la vida cotidiana. La interrupción del ritual provoca
irritación o incremento de la ansiedad. Estos síntomas
son percibidos como perturbadores por padres y maestros. (ver
Trastorno Obsesivo
Compulsivo)
¿Por
qué no puedo ir de compras tranquila? ¿ Qué
pasa con mi hijo que no puede separarse de mí ?
La ansiedad de separación es el malestar desproporcionado
que experimenta un niño cuando se separa real o supuestamente
de sus seres queridos, especialmente de su madre. Dentro de
límites normales, esta ansiedad es un mecanismo de
defensa heredado, que permite al niño protegerse de
los peligros de los primeros años (Campbell, 1986)
La ansiedad de separación es normal y esperable en
los primeros meses y años de vida. Cuando el niño
va adquiriendo movilidad, su desarrollo psicológico
normal lo conduce a reemplazar esta ansiedad por miedos específicos
(a los extraños, a las alturas, a la oscuridad), que
lo ayudan a preservarse de los peligros, actuando como un
mecanismo protector.
Este tipo de ansiedad adquiere un carácter patológico
cuando ante situaciones habituales para la edad, como concurrir
a la escuela, a la casa de un amigo o que su madre salga sin
él, el niño no puede tolerar la separación
y experimenta intensos síntomas de ansiedad. Suele
observarse entonces la aparición de síntomas
físicos, irritabilidad, enojo llantos incontrolables
o berrinches.
Este tipo de cuadro, por lo general, revela una gran dependencia
e inseguridad.
¿Que
pasa con los niños que han experimentado una situación
traumática? ¿Pueden tener un Trastorno de Ansiedad?
Una situación es considerada traumática si
incluye características de excepcionalidad, intensidad
e impacto severo en la persona que la experimenta o que recibe
la información de lo sucedido.
El Trastorno por Estrés Postraumático suele
ocurrir luego de la exposición a un trauma intenso,
tal como presenciar una muerte, o sufrir la muerte violenta
de un ser querido, ser víctima de un ataque con peligro
para la propia vida, o verse en medio de un desastre natural
(terremoto, etc.) Sus principales síntomas son tres:
revivir el evento traumático, a través de pesadillas
o flashbacks; conductas evitativas, tales como evitación
de situaciones o lugares relacionados con el evento traumático;
y embotamiento emocional. Se acompaña también
de síntomas que reflejan una elevada ansiedad, como
irritabilidad, impaciencia e inquietud.
En los niños y adolescentes también puede presentarse
este desorden. Las señales indicadoras del mismo son:
- Repetición de la vivencia: el niño
frecuentemente tiene recuerdos o pesadillas repetidas sobre
el evento que le causó tanta angustia. Algunos pueden
tener "flashbacks", alucinaciones u otras emociones
vívidas de que el evento está sucediendo o
va a suceder nuevamente. Otros sufren de gran tensión
psicológica o fisiológica cuando ciertos objetos
o situaciones les recuerdan el evento traumático.
- Evasión: Los niños con trastorno
de estrés postraumático sistemáticamente
evitan las cosas que les recuerdan el evento traumático.
Pueden experimentar berrinches o llanto excesivo ante la
aproximación de algún objeto o situación
que les recuerda el trauma.
Otros niños parecen no responder a las cosas o situaciones
relacionadas con el evento y no recuerdan mucho sobre el
trauma. También pueden mostrar una falta de interés
en las actividades que les eran importantes antes del evento.
Se sienten alejados de los demás, experimentan una
gama de emociones más limitada y no tienen esperanzas
sobre el futuro.
- Aumento de la excitación emocional: dificultad
para conciliar el sueño o para despertar por la mañana;
irritabilidad; dificultad para concentrarse; alerta o cautela
sin una razón clara; nerviosismo y sobresaltos.
Ante la sospecha de que el niño presente un Trastorno
por Estrés Postraumático resulta indispensable
realizar una consulta con un psicólogo infantil especializado
en ansiedad.
¿Por
qué mi hijo no quiere ir a los cumpleaños ni
a la casa de ningún amigo?
Antes de los dos años y medio de edad el temor a las
personas extrañas es evolutivo y forma parte del desarrollo
psicológico normal. Luego de esta edad y con el comienzo
de la escolarización este temor debe desaparecer, si
así no sucede puede presentarse la Ansiedad Social,
que es un trastorno en el que se presenta ansiedad intensa
en situaciones de interacción social.
El niño con esta problemática se desempeña
pobremente en las situaciones de interacción social
con sus pares y/o en sus relaciones con adultos desconocidos.
Se muestra inseguro, tímido, con poca confianza en
sí mismo y poco asertivo (es decir, sin capacidad para
decir lo que realmente quieren decir, o hacer lo que realmente
quieren hacer. La timidez de estos niños va más
allá (en intensidad, duración y evitación
de situaciones sociales) de las reservas naturales que muchos
niños muestran en las primeras fases de las relaciones
con desconocidos.
Las habilidades sociales adquiridas en la infancia pueden
permitirnos una vida más sana y feliz; es por ello
que es oportuno consultar en la niñez por la inhibición
social a fin de lograr desde pequeño confianza y seguridad
en el desempeño social.
Estábamos
en el shopping y de repente, Nico se empezó a sentir
mal, sentía palpitaciones, sudoración y náuseas;
desde ese día no quiere ir más a pasear.
El Trastorno de Pánico
Es un trastorno en el cual la persona ha sufrido uno o más
ataques de pánico, seguido o seguidos de la preocupación
por sufrir una nueva crisis, y las consecuencias que la mismo
podría depararle. La crisis o ataque de pánico
se caracteriza por su comienzo brusco y una duración
de sólo algunos minutos. De modo súbito surge
un temor intenso, que se acompaña de algunos de los
siguientes síntomas: temblor, taquicardia, mareos,
sensación de desmayo, sensación de muerte, despersonalización,
sensación de falta de aire, de dificultad para tragar,
trastornos gastrointestinales y cosquilleos o parestesias.
Por lo general, el Trastorno de Pánico se acompaña
de agorafobia,
que es el temor a descomponerse en un lugar (shopping, lugares
alejados de la casa, etc.) en el cual no se pueda obtener
ayuda con rapidez o del cual no se pueda escapar a tiempo.
En los niños este trastorno es difícil de diagnosticar
porque simula una descompostura momentánea y muchos
pediatras no indagan acerca del miedo que ha experimentado
la criatura.
Es importante verificar si el niño siente miedo a sus
sensaciones corporales y a su manera de reaccionar en un lugar
para él amenazante. Si esto es así, nos encontramos
ante un trastorno de ansiedad que necesita tratamiento.
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