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Editoriales
Mecanismo de producción
de Síntomas del Miedo y la Ansiedad
Consideramos que el conocimiento, por parte del paciente,
de los mecanismos de producción de síntomas
ansiosos y las razones del organismo para generarlos, revisten
una importancia fundamental como punto de partida hacia la
recuperación de la salud. Intentaremos exponer estos
hechos psico-biológicos de manera clara, animados por
la experiencia vivida con tantas personas que encontraron
gran alivio al poder comprender el por qué de lo que
les ocurría.
¿Qué es la ansiedad?
Es muy difícil dar una definición de ansiedad
que cubra sus diferentes aspectos, pero todos conocemos muy
bien la sensación a la que llamamos de ese modo. No
existe una persona que no la haya experimentado, por ejemplo,
al entrar al una sala para una entrevista laboral, o para
dar un examen, o ante una señal de peligro en una calle
solitaria por la noche. Sin embargo, lo que es menos conocido
es que sensaciones tales como mareos, visión borrosa,
entumecimiento y hormigueo, sensación de falta de aire
que puede derivar en sensación de ahogo o asfixia,
pueden ser también parte de la ansiedad. Cuando ocurren
estas sensaciones y quien las padece no entiende el porqué,
la ansiedad puede elevarse a niveles de pánico ya que
las personas imaginan, erróneamente, que padecen alguna
enfermedad, o están corriendo un peligro inminente.
¿Para qué sirve?
La ansiedad es una respuesta al peligro o a una amenaza. Científicamente,
la ansiedad inmediata o de corto plazo es denominada respuesta
de lucha/huida. Esto se llama así porque todos
sus efectos están dirigidos a luchar, o a evitar el
peligro. Por lo tanto, el primer propósito de la
ansiedad es proteger al organismo. Cuando nuestros ancestros
vivían en cuevas, resultaba vital que al enfrentarse
con algún peligro, una respuesta automática
tuviera lugar, permitiéndoles entrar en acción
rápidamente (atacar o correr).
Aún en el mundo convulsionado de hoy, este mecanismo
es necesario. Sólo imagínese cruzando la calle,
cuando de repente un auto acelera en su dirección tocando
bocina. Si Ud. no experimenta en absoluto ansiedad, podría
resultar muerto. De cualquier modo, lo más probable
es que se produzca la respuesta de ataque / huida y Ud. se
salga fuera del camino para salvarse. La respuesta de lucha/huída
genera cambios inmediatos en el organismo, que le permiten
una mejor y más rápida respuesta física
ante el peligro. El significado de esta historia es simple:
el propósito de la ansiedad es proteger al organismo,
no dañarlo. Sería completamente ridículo
que la naturaleza desarrollara un mecanismo para proteger
al organismo y que, al hacerlo, lo dañara.
La mejor manera para considerar o pensar los sistemas de
la respuesta de ataque / huida (ansiedad) es recordar que
están dirigidos a preparar al organismo para la acción
inmediata, con el objeto de protegerlo. Cuando alguna señal
de peligro es percibida o anticipada, el cerebro envía
mensajes a una parte de su sistema nervioso, llamado Sistema
Nervioso Autónomo (SNA). que se encarga del control
de los niveles de energía del cuerpo y de la preparación
para la acción . Para ello, el SNA libera dos sustancias
químicas, llamadas adrenalina y noradrenalina, por
un breve lapso, ya que la ansiedad no puede continuar eternamente,
o hacer un espiral de permanente aumento hasta niveles que
causen daño.
Es importante destacar que al organismo le toma un tiempo
que los mensajeros químicos adrenalina y noradrenalina
sean destruidos. Por lo tanto, aún cuando el peligro
haya pasado y el SNA haya detenido su respuesta, es probable
que Ud. se sienta ansioso o aprehensivo por un tiempo, debido
a que las sustancias químicas permanecen aún
circulando por su organismo. Ud. debe recordarse a si mismo
que esto es perfectamente natural e inofensivo.
La actividad del SNA produce un aumento de la frecuencia
cardíaca y de la fuerza de los latidos, que es vital
en la preparación para la actividad ya que acelera
el flujo sanguíneo, aumentando por lo tanto la llegada
de oxígeno y energía a los tejidos más
importantes para la acción: las grandes masas musculares.
Por esta razón en los momentos de gran ansiedad o pánico,
se experimenta un corazón acelerado y con fuertes latidos.
Debe recordarse que un corazón sano puede y debe poder
cumplir con estos cambios de ritmo.
¿Realmente no es peligroso que
mi corazón se acelere tanto?
Como vimos antes, muchas personas interpretan de modo erróneo
los síntomas de la respuesta de lucha/huida y creen
que van a morir de un ataque cardíaco. Esto
se debe a que carecen de suficientes conocimientos acerca
de las características de los ataques cardíacos,
que son fácilmente distinguibles de las de una crisis
de pánico. Por lo general, un exámen cardiológico
de rutina permite confirmar la ausencia de enfermedad cardíaca,
ya intuida por el psiquiatra o psicólogo al entrevistar
al paciente. En un corazón sano, los cambios de ritmo
e intensidad por adaptación al medio ambiente no revisten
peligro.
| No debe alarmarnos la percepción
de los latidos, más frecuentes e intensos. El corazón
sólo está realizando su trabajo. |
De este modo la sangre circula más rápido y
es desviada de los lugares donde en esa emergencia no es tan
necesaria, como la piel, órganos abdominales, e incluso
cerebro (gracias a un estrechamiento de los vasos sanguíneos),
hacia los lugares donde con más urgencia se la requiere,
preferentemente, como ya vimos, los grandes músculos
(gracias a un ensanchamiento de los vasos sanguíneos).
Como vemos, no es casual que una persona con miedo corra mucho
más rápido que si no lo tiene. Como resultado
de la redistribución circulatoria durante la ansiedad,
la piel se ve pálida y se siente fría, y, la
reducción momentánea de flujo sanguíneo
a nivel cerebral, puede reflejarse en mareos, visión
borrosa y sensación de inestabilidad.
| Estos cambios se producen para optimizar
nuestra reacción frente a un peligro, constituyen
un mecanismo de defensa y por lo tanto, no pueden ser
dañinos para el organismo, aunque las desagradables
sensaciones que provocan nos hagan creer lo contrario. |
Por ejemplo, la respuesta de lucha/huida se asocia a un aumento
en la velocidad y profundidad de la respiración, lo
que resulta positivo y de gran importancia, ya que los tejidos
necesitan más oxígeno para consumir durante
la acción. Sin embargo, estos cambios provocan la incómoda
y a veces atemorizante, (aunque en realidad no reviste peligro)
sensación de falta de aire, o de ahogo y aún
dolor o sensación de estrechez en el pecho. Se produce
también un aumento de la transpiración, función
adaptativa muy importante para volver la piel más resbaladiza
y que resulte así más difícil de agarrar
por un atacante, y para enfriar el cuerpo a fin de evitar
el sobrecalentamiento.
¿Esa sensación de inestabilidad
o de ahogo, no significan que puedo desmayarme o quedarme
sin aire?
No. Si usted se desmayara, o se quedara sin aire, el mecanismo
de defensa (la reacción de lucha/huída) sería
peligroso en lugar de útil y necesario. Es por ello
que no se producen desmayos ni ahogos durante una verdadera
crisis de pánico.
La activación del SNA produce una cantidad de otros
efectos, ninguno de los cuales es peligroso de ningún
modo. Por ejemplo, las pupilas se dilatan para permitir que
entre más luz, lo que puede resultar en visión
borrosa, manchas o sombras frente a los ojos. Hay una disminución
de la salivación, resultando la boca seca. Disminuye
la actividad del sistema digestivo, que con frecuencia produce
nauseas, pesadez en el estómago, y aún constipación.
Finalmente, muchos de los grupos musculares se tensan en su
preparación para la acción y esto resulta en
sensaciones subjetivas de tensión, a veces con temblor
y sacudidas.
La respuesta de lucha/huida resulta en una activación
general de todo el metabolismo corporal. De esta manera, a
veces se siente calor o rubores, y, debido al alto consumo
de energía que este proceso implica, inmediatamente
después, agotamiento.
El primer efecto de este mecanismo es alertar al organismo
de la probable existencia de peligro. Por lo tanto, ocurre
un inmediato desvío de la atención hacia la
búsqueda de posibles amenazas circundantes. Resulta
muy difícil concentrarse en las tareas cotidianas cuando
uno está ansioso. Las personas con ansiedad con frecuencia
refieren que se distraen con facilidad de sus tareas, que
no se pueden concentrar, y que tienen problemas con su memoria.
¿Por qué me asustan tanto
los síntomas de la crisis de pánico?
Hasta ahora, hemos visto los componentes y rasgos principales
de la ansiedad en general, o de la respuesta de lucha/huida,
pero ¿cómo se aplica todo esto a los ataques
de pánico?
La respuesta está en el temor que las personas con
crisis de pánico le tienen a las sensaciones físicas
de la respuesta de lucha/huida. Por lo tanto, el ataque
de pánico puede ser visto como un conjunto de sensaciones
físicas inesperadas, seguida de una respuesta de pánico
o miedo a esos síntomas.
Como mencionamos antes, la respuesta de lucha/huida (de
la que los síntomas físicos son parte) hace
que el cerebro busque las fuentes del peligro. Si no encontramos
un peligro real y externo que justifique nuestras sensaciones,
no comprendemos la razón de su aparición y tememos
que correspondan a un problema físico inminente, tal
como "estoy muriendo, perdiendo el control, estoy teniendo
un ataque al corazón, etc."
| Dado el temor que producen dichas
interpretaciones de los síntomas físicos,
y el desconocimiento de las causas que los provocan, se
comprende que provoquen miedo o pánico. A su vez,
el miedo y el pánico producen más síntomas
físicos, y por esto se genera un ciclo que se alimenta
a sí mismo: síntomas, miedo, síntomas,
miedo y así sucesivamente. |
¿Y por qué experimento
los síntomas físicos de la respuesta de lucha/huida, si no estoy atemorizado como para que se active?
Hay muchos caminos por los que pueden producirse estos síntomas,
no sólo a través del miedo. Por ejemplo, puede
suceder que usted esté en general estresado en su vida
diaria, y este estrés resulta en un aumento en la producción
de adrenalina y otras sustancias químicas que pueden,
a veces, producir síntomas. Este aumento de la adrenalina
es de presumir que sea mantenido químicamente en el
organismo, aún cuando el factor estresante hace rato
se hubiera retirado. Otra posibilidad es que usted tienda
a respirar un poco rápido (leve hiperventilación)
por costumbre, y esto también puede producir síntomas,
por los cambios que provoca en el ph sanguíneo (equilibrio
ácido/base, que debe permanecer constante). Debido
a que este aumento del ritmo respiratorio es leve, usted se
acostumbra con facilidad y no nota que está hiperventilando.
Una tercera posibilidad es que estén ocurriendo cambios
normales en su cuerpo (que todo el mundo experimenta sin notarlo),
pero como usted está permanentemente vigilando o chequeando
su funcionamiento físico, nota estas sensaciones mucho
más que el común de las personas.
Si estos son los síntomas físicos que usted
sufrió en su primer ataque de pánico, se vuelven
señales cargadas de sentido de amenaza o peligro (esto
es, se han vuelto reflejos condicionados). Como resultado,
es muy probable que se instale una extrema sensibilidad. y
que, cuando se hacen presentes, usted reaccione con miedo
sencillamente debido a que en el pasado las experiencias de
pánico estuvieron asociados a ellos. En consecuencia,
las sensaciones que ocurren durante actividades comunes pueden
llevar a desarrollar un estado de pánico. Por ejemplo,
la falta de aliento y sensación sudorosa producida
por el ejercicio físico, la sensación de nerviosismo
producida por tomar café, o el calor producido en negocios
repletos de gente, pueden conducir a desarrollar una crisis
de pánico.
Aún cuando usted no sepa con seguridad por qué
experimentó los primeros síntomas, tenga certeza
de que son parte de la respuesta de lucha/huida, y por lo
tanto son inofensivos. Sin embargo, es comprensible que una
vez que usted ha tenido varios ataques de pánico y
ha malinterpretado los síntomas como peligrosos, esa
interpretación errónea se vuelve automática
y resulta muy difícil convencerse de que los síntomas
son inofensivos.
¿Es posible perder el control
en medio de la crisis?
Como se mencionó antes, la respuesta de lucha/huida
prepara al cuerpo para la acción, ya sea para atacar
o para correr. Por ello, no debe sorprender que los impulsos
intensos asociados a esta respuesta sean los de agresión
y de deseo de escapar. Cuando esto no es posible (por represiones
sociales) estos impulsos son expresados con conductas tales
como desesperación, golpeteo con los pies o aumento
de la velocidad de la marcha. Sobre todo, se presentan sentimientos
de estar atrapado y necesitar escapar.
Mucha gente teme "perder el control" en medio del
pánico. Creen que pueden quedar totalmente paralizados,
o, por el contrario, que la desesperación los llevará
a correr por los alrededores sin poder medir sus acciones.
Es habitual que sientan una opresiva sensación de amenaza
contra su seguridad, aunque no encuentren una explicación
lógica para ello.
Durante la ansiedad el cuerpo entero se prepara para la acción
y hay un abrumador deseo de escapar. De cualquier modo, la
respuesta de lucha/huida no está dirigida a lastimar
a otras personas (que no sean amenazadoras) y no produce parálisis.
Más bien, apunta a que el organismo pueda alejarse
de la amenaza. No se ha registrado ningún caso en que
alguien se comporte salvajemente durante un ataque de pánico.
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En resumen, la ansiedad es científicamente
conocida como respuesta de lucha/huida ya que su propósito
primario es activar al organismo y protegerlo del daño.
A esta respuesta se asocian cambios físicos,
mentales y conductuales. Resulta importante destacar
que una vez que el peligro ha pasado, alguno de estos
cambios, (especialmente los físicos) pueden continuar.
Cuando los síntomas físicos ocurren en
ausencia de una explicación obvia, las personas
suelen interpretarlos erróneamente, creyendo
que indican un serio problema físico o mental.
En este caso, las sensaciones mismas se vuelven amenazantes
y pueden desencadenar nuevas respuestas de lucha/huida,
equivalentes ahora a crisis de pánico.
Librado a su evolución espontánea, de
no mediar intervención terapéutica, el
cuadro descripto se cronifica, y el temor a las crisis
de pánico pasa a formar parte de la vida cotidiana.
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